El Maestro

Raro suena decir “amigo” ahora que has partido por la senda que a todos nos espera. Digo Amigo, porque me siento tu Amigo en el sentimiento que nos embargó cuando vivimos momentos inolvidables pescando en distintos lugares de nuestro querido Tormes, esas bonitas  tardes en las que mi afán de aprender me llevaba a la lista interminable de preguntas que tú unas tras otras me contestabas sin cesar, enseñándome todos aquellos huecos que siempre pasaban desapercibidos por mis cortos sentidos, enseñándome todo aquellos que volaba a nuestro alrededor y que yo ignorantemente desconocía… Por qué nos acordamos de la amistad a través de la pesca, por que convertimos una afición en una pasión…

En mi corta vida de entender la pasión por la pesca,  me he sentado a pensar en los sentimientos que transmiten las personas cuando se encuentran en una excursión de pesca; uno de los sentimientos más fuerte que se expresan es la “competencia”:¿a quién le pica más?, ¿quién saca más cantidad de peces?, ¿quién saca el más grande?,….Gracias a mi Amigo Jose, se acuñó entre nosotros la frase “Menuda Zapatilla”, situación que aplicaba cuando en uno de sus alardes de experiencia conseguía que una gran pintona tomara sus moscas…

Quizá esa sana convivencia se ha ido despidiendo de nuestro medio. Si miramos nuestro entorno, si miramos las hermosas orillas de nuestra fuente de vida, Rio Tormes, vemos tristemente que la juventud está ausente de estos hermosos parajes; quizá otros tipos de estímulos serán los recuerdos que adornarán nuestras vidas.

Amigo Jose, para los tuyos más cercano has dejado un legado de excelencia; para nosotros que te conocimos en la pesca, te recordaremos como un gran amigo y creador en nosotros de un sentimiento de alta competencia; un pescador elegante; un competidor de verdad; un referente de los que iniciaron nuestro Club de Pesca y Caza Peña de la Cruz; y una persona entrañable en nuestro medio.

Querido amigo, sin duda en mi marcaste un sentimiento de vida, marcaste un aprender, marcaste unos conocimiento que hicieron de mi un buen conocedor de la pasión por el gran mundo de la pesca, entendiendo que todos tenemos una Gran Zapatilla que siempre nos hará aflorar en sentir de una gran sonrisa…

Por esta sonrisa que tú me enseñaste; en la distancia recibe el abrazo más cariñoso que te pueda dar y la más sincera de mis sonrisas,  de alguien que te recordará por el resto de su vida.

Saúl Hernández Capitán

Aportado por Jose Antonio Lopez

QUIERO DARTE LAS GRACIAS.

No encuentro las palabras adecuadas para agradecerte todo lo que me enseñaste. Son tantos los recuerdos que se vienen a mi cabeza que no logro centrar mi atención en poder escribir todo lo que me dicta el corazón. Juntos recorrimos veredas y orillas, juntos reímos, juntos lloramos y juntos luchamos….., juntos de alguna forma aún nos encontramos.

No ha pasado un sólo día sin que el olor del monte, el sonido del río, el color de las nubes, o el azul del cielo hayan hecho que te recordara, pues con cada uno de ellos vivimos experiencias y sensaciones inolvidables.

Aún recuerdo con alegría la primera vez que me llevaste de pesca. Una tarde de verano en un rincón escondido, y allí estaba yo, con el mejor, el Maestro, con mi AMIGO. No fui capaz de montar la caña para no perder detalle de lo fácil que hacías lo que parecía imposible. Por aquel día GRACIAS.

Luego vinieron más y más y muchos más, nunca me cansaba. Por todos ellos GRACIAS.

GRACIAS por hacer que naciera en mí ésta afición, que poco a poco se convirtió en una forma de vivir y de sentir.

GRACIAS por aquellos lances de caza que vivimos juntos, sin miedo ni temor, siempre por las mismas veredas y con los mismos compañeros, aquellos que nos hicieron vivir momentos inolvidables, que nos quitaron el sueño en aquellas noches frías de invierno. GRACIAS  a ellos también porque nos dieron su vida.

GRACIAS por enseñarme a mirar al cielo en aquellos días en los que algo empezaba a cambiar, días en los que los montes se vestían de rojos y amarillos, días en los que mirábamos al cielo en busca de las torcaces, días en los que un sentimiento especial nos recorría el cuerpo.

GRACIAS por aquellas primaveras en las que sólo deseábamos que llegaran las nubes con frío, con agua, con río. Con mucho río. Como un  “burro”, como me solías decir.

GRACIAS por no dejar que mi desánimo ante los nuevos proyectos que empezaban a tomar vida, hiciera que los abandonase.

GRACIAS porque lo que hemos conseguido te lo debemos a ti.

GRACIAS porque siempre estabas allí, en lo bueno y en lo malo, en las alegías y en las penas.

GRACIAS AMIGO porque nunca te olvidaré.

“Ayer me acordé de ti, y… mañana también”.

Lobín

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